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Men Rodríguez, aguilucho
de Sanabria, el ala rota,
ya el cotarro no alborota,
para cobrarse el conducho.
Campanario sumergido
de Valverde de Lucerna,
toque de agonía eterna
bajo el caudal del olvido.
La historia paró; al sendero
de San Bernardo la vida
retorna, y todo se olvida,
lo que no fuera primero.
Y la segunda, ya de rima más artificiosa, decía y dice así:
¡Ay Valverde de Lucerna,
hez del lago de Sanabria!
no hay leyenda que de cabria
de sacarte a luz moderna.